Néstor de la Torre Comminges 

Recopilación de datos biográficos 

(No publicado) 

BERNARDO DE LA TORRE CHAMPSAUR 

 

Nace el barítono Néstor de la Torre Comminges, el 26 de julio de 1875, en la ciudad de Las Palmas, Islas Canarias, España, en el seno de una familia de abolengo histórico y cultural, contándose, entre sus antepasados, cantantes y músicos de Capilla, gustos y aficiones que perdurarán por generaciones entre los suyos.

 

Desde muy niño se advirtieron en Néstor de la Torre excepcionales condiciones vocales, siendo el maestro Don Bernardino Valle quien le enseñó música y un instrumento orquestal, el violonchelo, y también quien le inició en el arte del canto. A los 10 años fue ya solista de la Sociedad Filarmónica en las grandes solemnidades de la Catedral de Las Palmas.

 

A los 17 años marcho a Madrid donde prosiguió sus estudios de canto con la famosa cantante Carolina de Cepeda. La profesora, entusiasmada con la dulcísima voz y el claro talento de su discípulo, le dio lecciones diarias y lo presentó, en breve, en los salones privados donde se disfrutaba y enaltecía el canto; entre ellos, el famoso del marqués de la Vega Armijo, donde sus éxitos fueron muy comentados.

 

A las edad de 19 años debutó profesionalmente con la ópera “La Favorita” de Donizetti, en el teatro Príncipe Alfonso de Madrid, el 19 de abril de 1894, con la Compañía de Ópera Italiana, siendo director de escena el señor Palminteri y director de orquesta el señor Urrutia. Fue su compañera, la célebre contralto italiana Signora Cuccini. De esta primera estancia en Madrid data su amistad estrecha con los Maestros Tomás Bretón y Ricardo Villa, así como con el tenor Julián Biel.

 

A instancias de su profesora, de la familia y de su amigo el Maestro Bretón, marchó a Italia a proseguir sus estudios y perfeccionamiento con los mejores profesores de la época, aprendiendo el idioma italiano al mismo tiempo que seguía sus cursos de declamación.

 

Debutó en el teatro “Dal Verme” de Milán, a los 20 años de edad, con la ópera “Fausto” de Gounod, al haber sido escogido por la Empresa de este teatro entre más de 50 jóvenes artistas que se presentaron a dicha prueba. Al año siguiente, 1896, hizo su tournée a Centro y Sud-América con la Compañía Italiana del empresario Antón durante dos temporadas de ópera, cantando, entre otros, en los teatros “Municipal” de Caracas, Venezuela y “San Martín” de Buenos Aires, Argentina.

 

A su regreso a Europa, la Compañía actuó una temporada en el “Nuevo Teatro” de Las Palmas, para así presentar, en todo su esplendor, al joven barítono ante sus paisanos. A su regreso a Italia, es contratado para ir a Rusia durante dos temporadas en los Teatros Imperiales, junto con la Compañía Italiana a la que pertenecía. En Rusia estudió la lengua francesa y obtuvo grandes éxitos como cantante de fina escuela y actor de elegantes y muy destacadas interpretaciones, recibiendo números distinciones y honores en Tiflis, Georgia, donde causó gratísima impresión, siendo objeto de especial predilección de dicho público.

 

Regresando nuevamente a Italia, cantó durante varios años en los principales teatros de dicha nación (teatro “Alhambra” de Milán, “Politeama” de Sassari, “Vittorio Emmanuele” de Turín, “Dal Verme” de Milán, “Teatro Circo” de Niza, “Andreani” de Mantova, “Quirino” de Roma, “Coccia” de Novara, “Carignano” de Torino, “Fenice” de Venecia, “Sociale”de Údine, “Pérgola” y “Politeama” de Firenze, “Carlo Felice” de Génova, “Alla Scala” de Milán, “Donizetti” de Bérgamo, y “Nazionale” de Roma, entre otros más). Interpretó, no sólo el repertorio clásico, sino también estrenando óperas de los grandes Maestros contemporáneos. Entre estas figuran: “Le Maschere” de Mascagni, “Oceana” de Smareglia, “Colonia Libera” de Floridia, “La Reina de Saba” de Goldmark, “Andrea Chènier” de Giordano -estrenada por De la Torre en el Teatro La Fenice de Venecia y dirigida por el propio Maestro Giordano-.

 

La meticulosidad con la que el barítono De la Torre estudiaba los personajes que iba a interpretar, su temperamento artístico extraordinario y la gran prestancia de su figura en escena, que él valoraba con magnífico vestuario y finísimo espíritu artístico, lo colocaron entre los artistas elegidos por los principales teatros donde se rendía culto de voto al arte teatral de la vieja escuela italiana del “Bel Canto”.

 

De regreso a sus Islas Canarias, a mediados de 1901, se casó en Las Palmas, el 25 de agosto, con la señorita Dolores Champsaur Millares, quien fue la compañera de toda su vida y madre de sus siete hijos. Durante todos estos años de gran actividad, dedicó gran parte de su tiempo a especializarse en el repertorio wagneriano y preparó, con el famoso maestro Banzo, las óperas “Tanhauser” “Los maestros cantores”, “Lohengrin” etc., que estuvieron, desde entonces, entre sus más exquisitas interpretaciones. En la inauguración del teatro “Liceo” de Barcelona, en 1903, cantó “Lohengrin” en compañía del famoso tenor señor Viñas.

 

Con anterioridad, y junto con varios artistas españoles en boga que residían en Italia, fue contratado para estrenar el teatro “Arriaga” de Bilbao y, en esta temporada, obtuvo un clamoroso éxito en su interpretación del “Rigoletto” de Verdi. Por dicha época fue escogido por la empresa del teatro “Lírico” de Madrid para estrenar operas de autores españoles, en el famoso intento de organizar la Ópera Nacional Española en 1901. Cantó en el teatro “Alla Scala” de Milán en la temporada 1902-1903, teniendo como director de orquesta al que, desde entonces, fue su gran amigo Arturo Toscanini; y como el mejor barítono de su época fue elegido por Frontini para que le estrene en “Alla Scala” su célebre ópera “Malia”. Canto también en los teatros “San Carlo” y “Verdi” de Nápoles, donde alternaba sus actuaciones con María Barrientos y Luisa Tetrazini. Fue compañero de arte de los más insignes cantantes de fines del siglo XIX, entre los cuales cultivo muy entrañables amistades, entre las que destacan la de Enrico Caruso, Marconi, Tamberlick, Meroles, etc.

 

A principios del siglo XX firma contrato con la sociedad “The Gramophone Company Limited” de Londres, a través de su sucursal en Italia, donde graba numerosos discos desde 1901 a 1908. Entre otros podemos citar los siguientes:

 

- Nº de catálogo 054214. “Forza del Destino”. Duetto Marconi-De la Torre.- Nº de catálogo 052241. “Lakmé” Quel ciglio a me. Barítono De la Torre.- Nº de catálogo 052243. “Lohengrin” Acusa di Telramondo. De la Torre.- Nº de catálogo 252697. “Tannhauser”. Tu sol sublime. Barítono De la Torre.- Nº de catálogo 054219. “Traviata”. Non sapete. Duetto Piccoletti De la Torre.- “Il Re di Lahore” O casto Fiore. Barítono De la Torre.- “Lucrezia Borgia”. Terceto. Barítono De la Torre.- “Tannhauser” O tu bel astro incantator. Barítono De la Torre.- “Vendetta avró”. Barítono De la Torre.

 

En 1920 grabó con la casa “Víctor” en Camden, New Jersey, EEUU las canciones “Ochi di Fata” y “Vivir sin tus caricias” y “Pobrecita mía” de Eduardo Sánchez de Fuentes.

 

Retirado del Teatro de la Ópera, en el momento en que su carrera era más esplendorosa, por un amor entrañable a su esposa, hogar e hijos, entonces pequeños, fijó su residencia en Santa Cruz de Tenerife, Canarias, durante muchos años, incluidos todos los de la Primera Guerra Mundial. Allí encontró siempre unas horas que dedicar a su arte y comenzó a dar lecciones de canto a personas de su afecto y amistad.

 

Su casa fue refugio y punto de reunión de cuantos artistas españoles y extranjeros pasaron por Tenerife aquellos años, y a su lado convivieron artistas, poetas, pintores y literatos de aquella isla. Allí organizó la Sociedad “Fomento Artístico”, y a su labor se debe haber oído en Canarias a los famosos artistas Rubinstein, Amelita Gali-Curci, el tenor Palet, la soprano Agostinelli y el compositor Longás, y hasta logró llevar la Orquesta Sinfónica de Madrid con su director Fernández Arbós.

 

Su labor de divulgación y mantenimiento de la vida musical fue unida a otra no menos generosa y entusiasta: Su colaboración constante y personal en la organización de festivales y actos musicales a beneficio de hospitales, asilos y Cruz Roja, lo que le valió, por su desinteresada y abnegada labor, el cariño sincero de los tinerfeños que siempre lo tuvieron en muy alta estimación.

 

Una vez terminada la devastadora guerra de 1914-1918, partió para América a dar una serie de conciertos, acompañado por el tenor Ramón Medina. Llegaba a Cuba con una nombradía bien cimentada y bien pronto se compenetró con el ambiente, el medio y los círculos intelectuales y melómanos de la isla, surgiendo esa fácil correspondencia tradicional entre cubanos y canarios. Animado por la cordial acogida que le brindará Cuba, Don Néstor de la Torre trasladó su hogar a La Habana en el año 1920 y se consagró exclusivamente a la enseñanza del canto.

 

Inmediatamente fue nombrado profesor en varios conservatorios particulares así como en la Academia Municipal de Música y, en 1923, al fundarse el Conservatorio Internacional, se le dio la Cátedra de Canto. Durante estos años conoció, haciéndose íntimos amigos, a Eduardo Sánchez de Fuentes, a Gonzalo Roig a Ernesto Lecuona y a tantos otros personajes prestigiosos del mundo artístico y musical cubano. La última actuación del barítono de la Torre en una representación de ópera, fue en el teatro “Nacional” de la Habana junto con la gran soprano española Ofelia Nieto y el tenor Tito Schipa, en la obra del maestro José Mauri, “La Esclava” en el año 1921.

 

También ofreció varios recitales en el Ateneo, en el Círculo de Bellas Artes y en otras entidades culturales cubanas estrenando una selección de canciones del compositor cubano Eduardo Sánchez de Fuentes con poemas del poeta mexicano Amado Nervo, que hicieron época, por la extraordinaria interpretación que hizo de ellas, elevándolas al rango de música selecta y que, desde entonces, se hicieron muy populares. La melodía delicadísima y los versos sutiles de estas composiciones no pudieron hallar expresión más fiel de una voz nítida y calida, como las que gozó en aquellas interpretaciones excepcionales del maestro Néstor de La Torre. Nuestro inspirado compositor Sánchez Fuentes halló en él un intérprete incomparable, no sólo en sus canciones tan emotivas y originales, sino en sus propios poemas dramáticos y sinfónicos.

 

La Academia de canto del Maestro De la Torre marca en La Habana una época en la vida artística de Cuba. Su alto prestigio, su escuela de canto pura y perfecta, su cultura y buen gusto, su amplísimo conocimiento del repertorio operístico antiguo y moderno y la inmensa colección de “lieder” y canciones clásicas románticas y modernas, unidas a su bondadosa paciencia y trato exquisito, hicieron de su Academia de canto el lugar de estudio de la más selecta y valiosa afición de la Habana.

 

En los años que Néstor de La Torre ejerció la enseñanza del canto en Cuba, realizó una labor tan seria como trascendente, porque no se circunscribió a la acción mecánica de impostar las voces y enseñar melodías, sino que ha sabido educar el gusto artístico de sus discípulos, poniéndoles en contacto con los compositores más finos y eminentes de todas las épocas.

 

Tuvo en su Academia una sala de conciertos, con su pequeño escenario y cabida para un público de unas 300 personas, donde ofreció interesantes audiciones de sus discípulos. Con el tema de “La música vocal de Cámara” ofreció en 1926 una serie de programas ilustrados con pequeñas conferencias del Dr. Luis de Soto, Profesor de Historia del Arte de la Universidad de La Habana, en las que actuaron sus más destacadas alumnas, vistiendo maravillosamente los trajes de la época de la música a cada una de ellas encomendados. Esta sala de conciertos le servía, además, para ensayar y preparar los grandes conjuntos vocales que le fueron encomendados en diversas ocasiones, entre otras, para la inauguración del auditorio de la “Sociedad Pro Arte Musical”.

 

Como una de las obras más destacadas de su estancia en La Habana está la realización de una cantata escénica con el tema de la Navidad, cuyas palabras y guión escénico fueron suyas, y a la que puso música su amigo el compositor Sánchez de Fuentes. Con un conjunto de más de 150 voces adultas y 50 voces infantiles, más solistas y la Orquesta Sinfónica de La Habana como parte instrumental, hizo mover, en un escenario al aire libre de 45 metros de largo por 10 de fondo con decorados de naturaleza viva, una serie de cuadros bíblicos en los que intervinieron 300 personajes. Este acontecimiento se verificó en la Navidad de 1925. La obra se representó varias veces dado el interés que había despertado y después se cantó, sin la parte escénica, para la Sociedad Pro Arte Musical.

 

Por aquellas fechas comenzó una amenísima amistad con el entonces director del Grupo Minoritario de Música Nueva, Alejo Carpentier, joven muy culto y versado en las artes musicales; amistad que después se cultivó toda la vida por su hija Lola de la Torre, quien entonces cooperaba con dicho grupo de vanguardia.

 

En 1926 un fenómeno meteorológico se abatió sobre La Habana. El ciclón del 26 de octubre destruyó innumerables casas, hizo naufragar numerosas embarcaciones grandes y pequeñas en la gran Bahía. Deshizo los tendidos eléctricos y telefónicos y arrancó árboles y palmeras de avenidas y jardines dejando a la ciudad casi totalmente devastada. Entre las casas damnificadas estaba, en la calle 17 entre G y H, la del maestro De la Torre; hundido el techo y caídas casi todas las ventanas. Como siempre, toda empresa generosa halló en Néstor de la Torre al cooperador incondicional y fervoroso, y así, el 7 de noviembre se celebraba en el teatro “Nacional” un concierto a beneficio de las víctimas del ciclón organizado por el Maestro y sus alumnos; evento que fue todo un éxito musical y económico para el fin propuesto.

 

En el año 1929 ofreció, con la colaboración de la Orquesta Filarmónica, una versión del concierto de la cantata de Claude Aquiles Debussy, “El hijo pródigo”. Fue su última actuación, como cantante, en compañía de su discípulo Maurice Labarrere y su hija Lola de la Torre, soprano, y con un coro integrado por todos sus alumnos. En 1930, una vez más, la salud de sus hijos hizo variar el rumbo de su vida; y a la perdida de su hijo mayor, en el mes de marzo, regreso a Canarias en busca de consuelo y reposo. Aunque nunca más volvió a actuar profesionalmente, en su hogar la música fue, hasta el final de su vida, elemento diario y fundamental de su existir.

 

Murió en Madrid, España el 22 de agosto de 1933, rodeado del calor íntimo de su muy unida familia y del afecto y admiración de sus numerosísimas amistades y admiradores.

 

“Rindió en Cuba una labor artística que hará perpetuo su nombre en los anales de nuestra enseñanza musical”. Tal fue la conclusión del crítico de arte cubano Juan J. Ramos, con motivo del regreso a su patria de tan afamado e impar Maestro.